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Abro esta sección con una de mis poetas favoritas, de cabecera diría. Alejandra Pizarnik: poeta maldita, pasional y visceral, cruda y directa, pero aun así sutil como lilas acariciando él invierno del infierno. Ella, con este texto (extracto, creo), pudo ponerle voces a ciertas sensaciones que bien conocemos. Encontró palabras que yo no logro hallar y se acerca demasiado a lo que me gustaría intentar decir con esas palabras que desconozco. Esta sección se tratara sobre eso, autores que pecando de tan cercanos, hago mías sus palabras. Para liberarme quizás, y para no solo enviar maldiciones a cielos nocturnos, sino también, para que otros oídos iguales a los míos, reconozcan esas voces y se acerquen, aunque sea por medio de este estúpido y pequeño lugar en medio de tanto caos. Él texto en cuestión:

Porque ¿quién me escuchará si le digo: «Te odio, te necesito, ven a vivir conmigo, hagamos juntos el odio, el amor, lo que tú quieras pero juntos»? Un castillo rodeado de fosas, una casa sin ventanas ni puertas. Adentro, amor mío, siempre entre muros mudos y sin sonido y sin palabras y sin comunicación alguna con lo que yace o camina bajo el viento asesino de esta noche. Tendremos instrumentos de tortura. Tendremos todos los libros de poesía que existen en el mundo. Toda la música. Todos los alcoholes que arden en los ojos y corroen el odio. Nos embriagaremos hasta oscilar como seres de una materia fosforescente, y diremos tantos poemas que nuestras lenguas se incendiarán como rosas. Sin ventanas, amor mío, sin puertas, sólo una casa, un palacio, una bohardilla lúgubremente sorda y ciega y amparadora. Y si viene el sol, si descubro huellas de claridad en el suelo, tú me dejarás llorar sobre ti, y me ayudarás con palabras que atraigan al olvido y a la noche desesperada de siempre. En verdad no te odio, te amo y te llamo. Te llamo y no vienes. Ahora te odio. Y tendremos lejos los relojes y no nombraremos al tiempo. Y haré poemas que iluminarán todos los silencios. De esta manera no habrá muerte ni soles sino sangre, alcohol, palabras extrañas y nuestros sexos unidos. Pero tú no vienes, no vendrás, y yo sé que no vendrás. Si supieras que no puedes no venir. Aunque no estás aquí, la orgía se inicia, comienzo a beber, a aullar los poemas más bellos, a reír y a llorar en la noche de tu ausencia, hasta que me arrojo sobre tu pobre representación y lloro hasta que nadie me consuela.

Alejandra Pizarnik, Diarios.