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La madrugada se posaba lentamente sobre la ciudad que, aun dormida, bostezaba bajo un cielo nublado. Ella, en sus horas plenas, estaba sentada en el umbral de la puerta fumando un cigarrillo. Desde la cocina sonaba una cancion familiar, podia tararearla pero no reconocerla. En la oscuridad solo se podía ver la brasa serpenteando y el brillo de sus ojos, fijos en la distancia, perdida quien sabe en que pensamientos. El aroma de la lluvia se mezclaba con cada bocanada y se combinaba con los vapores de su taza de café, marcando un compas de fragancias que acompañaban esa cancion. Desde la altura de su casa, las tenues luces de las otras viviendas parecian diminutas luciérnagas electricas jugando a llamarse en un bosque de asfalto. Se sonrió a si misma al pensar en eso.
Ya había perdido la nocion del tiempo entre cada viaje que emprendían sus ojos, su canción había terminado. Hasta ese entonces, el silencio solo era roto por el canto de algunos pájaros nocturnos y la estática de la radio. En el instante donde regresaba de uno de esos viajes, un relampago desgarro el cielo y, de pronto, comenzo a llover. Al principio suavemente, como dando una ultima advertencia, pero luego ganando intensidad conforme avanzaba la madrugada. A resguardo bajo el transparente techo de su umbral, escuchaba claramente la sinfonia que le dedicaba el agua golpeando los tejados. Melodías sutilmente desacompasadas que solo ella podía escuchar. La sensación que eso le provocaba la embriagaba tanto, que hacia estremecer su cuerpo. Cuando levanto la vista al cielo, no pudo evitar observar atentamente el impacto que hacian las gotas al hacer contacto contra los cristales. Casi podía ver en cámara lenta como se deshacían en varias piezas. Existencias individuales que se desprendían de un todo para luego terminar en el otra vez. Se sonrió nuevamente.
Y así quedo largo tiempo, hipnotizada, casi en trance. Cigarrillo tras cigarrillo, repitiendo tazas de cafe, abrazada por su tan amada madrugada mientras la lluvia le regalaba su mas bella opera. La cadencia de su respiración marcaba el paso de las horas. Ya no había nadie mas, solo ella en medio de todas estas sensaciones.
La única vez que cerro largo tiempo sus ojos, también se mordió los labios y dio un largo y profundo suspiro. Cuando los abrió, hubo un intenso y fugaz destello de un recuerdo futuro.