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¿Y si
en esta inútil tarde
las luces que alumbran lo cotidiano
fueran en verdad
almas que se encienden
que arden como soles marchitos
para extinguirse después
cuando la violenta mañana
de cada día
las devore?

La risa de las plazas
o cómplices miradas de cafetería
largas caminatas en silencio
un jaque al rey
o el niño y su fuente de piedra y magia
hasta la última caricia en el umbral
o la primera lluvia de otoño bajo el alero.

Todo desaparecería…

La tarde aletargada
escupe su luna embarazada de lluvia
bajo un cielo agotado
el barrio murmura
y el eco de su voz
se funde en el tráfico

mesajes en lenguajes divinos
caen sobre el asfalto
gotas amargas de lo intraducible
resplandecen como el Erebo.