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Afuera tormentaba condenadamente. Aquella lluvia que el cielo escupía no podría lavar ninguna culpa. A través de la ventana luces relampagueantes iluminaban la oscura habitación. El se recostó sobre ella, acarició sus mejillas, su largo cabello, la miro a los ojos y suspiro profundamente. Después beso la fuente carmesí de sus labios mientras clavaba una vez mas el puñal, y otra vez, y otra, y una vez mas hasta que el piso detuvo el impacto. Hecho esto, de un golpe descolgó a cristo de la pared y salto por la ventana del edificio a encontrarse con la muerte. El infierno lo esperaba, el lo sabia y lo ansiaba. Lo que no sabia era que ella lo estaba esperando en ese lugar, hace mucho mas tiempo del que el creía.