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“El narrador es el hombre que permite que las suaves llamas de su narración consuman por completo la mecha de su vida.”
(W. Benjamin)

El cambio es lo único que permanece incondicional en el tiempo. Por eso no me parecería descabellado cambiar de dogma a lo largo de los años. Y me refiero a dogma como los principios básicos e innegables de nuestra línea de pensamiento, de nuestras creencias. Hay algo que es muy cierto: nada es tal como lo conocíamos. La sociedad ha sufrido grandes cambios desde antes de la llegada del capitalismo y la industrialización, pero más aun desde la llegada de las nuevas tecnologías. Estas nuevas tecnologías permitieron, por un lado, la ampliación de los medios de difusión e información, y por el otro, el fácil acceso a ellos. Pero no nos olvidemos de algo importante: gracias a ellas se establecieron nuevas formas en la comunicación.

Desde tiempos antiguos, todas las artes reflejaron los movimientos de las sociedades de cualquier lugar del mundo; política, religión, economía, etc. Pero de todas las artes, fue la escritura especialmente quien logro hacerlo de una mejor manera. Entonces, en la actualidad, donde la escritura ha alcanzado los límites más insospechados, donde tanto lectores como escritores han evolucionado ¿Cuál es el lugar posible para el narrador en nuestros días? ¿Sera cierto que se perdió el arte de narrar, o será que, como cambiaron las sociedades también cambiaron las formas? ¿En qué momento lo moderno quebró con lo tradicional? ¿Acaso no es posible afirmar ahora, más que antes, que las personas están mejor comunicadas e informadas sobre lo que acontece a su alrededor?

Según Walter Benjamin, el hombre transmite su experiencia -y por ende, conocimiento- a través de la narración, y la experiencia que se transmite de boca en boca es la fuente de la que se han servido todos los narradores. Esta transmisión de conocimientos las reconoce de dos formas “por sus representantes arcaicos”, y ambas están ligadas a la figura del trabajo artesanal: por un lado al marino mercante y por el otro al campesino sedentario. Al marino se le referían las noticias de la lejanía y al campesino las del pasado. Los hombres podían obtener saberes aun sin haber estado en el lugar de los hechos.

Benjamin le da lugar de sabio al narrador, y creo que se refiere a eso cuando dice que los grandes relatos se han quebrado; el más bien se refería a que ya no hay más sabios que nos provean de consejos o asistan nuestra conciencia  para atravesar el mundo que nos rodea. Después de todo narrar es intercambiar experiencias, es acumular saberes y compartirlos para obtener más. El que narra le da consejos al que escucha; los consejos son sabiduría. Para él, el arte de narrar está llegando a su fin porque el aspecto épico de la vida se está extinguiendo.

Si intentásemos rastrear el inicio del fin de la narración, probablemente todos daríamos con la creación de la imprenta como primer factor. La imprenta surge en el siglo XV como la primera posibilidad para la reproducción fiel de escritos. Teniendo en cuenta esto, no es casualidad que el primer texto en reproducirse haya sido la biblia, sea por una disputa cultural, religiosa, pero mucho más, una disputa económica. Aquí hubo un quiebre. Durante muchos años el único que podía interpretar la biblia era el ministro de dios en la tierra, el solo hecho de su reproducción llevo a una crisis: cualquier persona podía adquirirla y por ende, interpretarla. Durante los años siguientes, más precisamente en los siglos XVII y XVIII, se imprimían enciclopedias y se empiezan a consolidar los medios de comunicación.

Así como la imprenta fue decisiva en el cambio de la narración, el advenimiento de la fotografía en la misma época fue decisivo sobre la concepción de las grandes pinturas que necesitaban de la mano del hombre para producirse y reproducirse. Debido a esto y gracias al capitalismo, comenzaron a ser dejadas de lado. (Es importante que destaque y relacione estos dos hechos porque son un ejemplo de cómo se quebró lo tradicional impactando directamente en la sociedad).

Ya en el siglo XIX se empiezan a ordenar y a diferenciar las nuevas formas de comunicación, adquiriendo conciencia sobre los efectos que causan en la sociedad. De esta manera, la burguesía constituida, el capitalismo en auge y la secularización del individuo en la sociedad, dieron origen para lo que Benjamin seria (en mis palabras) el principio del ocaso de la narración: el nacimiento de la novela. Lo que principalmente distingue a la novela de la narración es su dependencia esencial del libro. La novela no proviene ni se integra a la tradición oral, sino que atenta contra todas las formas de creación en prosa (fabula, leyenda, mito, cuanto, etc.) pero por sobre todas las cosas, la novela se enfrenta a la narración.

El narrador toma lo que narra de la experiencia, sea la propia o la transmitida, y a su vez, la toma de aquellos a quienes transmite la historia. El novelista, en cambio, se ha segregado. Por lo tanto, “la cámara de nacimiento de la novela es el individuo en su soledad”. Según Benjamin, el novelista está alejado de los acontecimientos, la novela corre a contrapelo de la realidad y además, carece de consejo y le imposible darlo.

Con el transcurso de los años, las novelas, gacetas, periódicos, folletines, etc. se van arraigando como industria. Es así como comienzan a utilizar estrategias de mercado para ganar público, y por ende, dinero. Esto conlleva a una inclusión social mucho mayor generando procesos tales como el apoyo a la inmigración y la alfabetización de los pueblos. Esta inclusión social actuaba en contra de la ideología de la alta cultura (aristocracia, clases letradas). Todo esto nos lleva, aproximadamente a mediados del siglo XIX, al surgimiento de lo masivo. La prensa fue decisiva en esta etapa porque se genera una nueva crisis a partir de  una nueva forma de comunicación, en este caso, la información.

Benjamin también habla de evolución (aunque no lo mencione literalmente) si bien para él la narración está llegando a su fin, ya no hay más sabios que nos brinden consejos ni grandes historias que contar, el reconoce que el narrador se preserva en el cronista. ¿Y por qué no reconocerlo? La sociedad indudablemente se ha transformado a lo largo de los años, con todo lo que ello implica. Algo que es concebido como lo tradicional en algún momento debe quebrarse para dar paso a algo nuevo. Después de todo se trata de eso (inevitablemente): de evolución.

En la actualidad, hay una gran cantidad de medios que comunican e informan a las personas. Gracias a internet esos medios se han incrementado considerablemente (redes sociales, foros, portales, blogs, páginas web, etc.). En esta nueva era donde los medios  de comunicación dominan el mundo, era de esperarse que no tardaran en convertir eso en una industria más. Los medios masivos de información transforman el tiempo de ocio y la cultura en una mercancía más, y como dice Benjamin, al hombre moderno no le interesa lo que no es abreviable. Y como no le interesa, se hace participe inconsciente de esta “industria” que promueve el conformismo, aliena al individuo y lo convierte en objeto. Al dar un único mensaje para muchos, no permite respuesta alguna. Este tráfico de la información tiene como objetivo apoderase del receptor. Hoy por hoy parecería que la capacidad de narrar está minada.

Sería ilógico decir que en la era de las comunicaciones la gente no está comunicada. Y en el sentido más estricto, esta afirmación es totalmente falsa. Cualquier persona que tenga la posibilidad de acceder a internet puede dar una opinión inmediata frente a cualquier hecho de la realidad. Estas opiniones pueden ser acumulativas o no, cualquier otra persona puede leerlas y a su vez, dejar su opinión. De esta manera se crea una red de saberes mucho mayor. Es la base para la creación de foros, portales, entre otros lugares.

Pensar en las narraciones de hoy en día, es pensar en el atravesamiento mismo de la experiencia, narrar nuestros propios sueños, nuestros deseos. Existe, además, la posibilidad de “tomar prestado” un lugar en la red, hacerlo propio, y en el podemos expresarnos libremente. El contenido que podemos colocar ahí, puede ser de lo más variado. Como ejemplos de esos lugares podemos mencionar los blogs y las páginas webs.

Si bien para Benjamin los grandes relatos se han perdido, habría que ver que serian hoy esos relatos, en que se han convertido. En los últimos años, el mundo ha sufrido grandes desgracias, y solo por nombrar algunas: La caída de las Torres Gemelas, la catástrofe de Haití, El tsunami de Japón, la última crisis europea. Todos estos hechos (y más) llevaron a una gran cantidad de personas a contar lo que ocurría a su alrededor. A narrar sobre a quién o a cual algo le había sucedido. Gente que se salvo y como lo hizo. Relatos de rescatistas, policías y bomberos. Familiares distanciados geográficamente en constante comunicación. Internet, las redes sociales, foros, blogs, etc., etc., Se llenaron de grandes narraciones. Podríamos decir que, hoy por hoy, los grandes relatos cambiaron su forma.

Por otro lado, internet y el ciberespacio también nos alejan de la hoja de papel impresa. Ya no importa la imprenta. Podemos encontrarnos con los ahora llamados E-books o libros electrónicos. Parece que después de todo, también cambiaria la concepción que se tenía sobre los libros. Los autores ahora no solo adquieren una versión material de su obra, sino también una digital.

Una de las cosas más interesantes de internet, es que cualquiera puede ser quien quiera. No hay razas, religiones, etnias o géneros. Lo que está en auge, son las comunidades virtuales. Pero para poder ver su progreso, aun le faltan años de tolerancia y comprensión.

Hay que reconocer que los medios de comunicación fueron de gran ayuda para generar cambios en la sociedad. Y no solo la sociedad cambio, sino que también sus formas; la forma de concebir la economía, la política, la religión, etc., también. Gracias a estos cambios, pueblos se han liberado y alfabetizado. La cultura no quedo restringida solo para los altos estandartes de la sociedad, sino que se ha hecho además, popular, permitiendo que cualquier persona tenga acceso a ella.

Hay algo de lo que el hombre no podrá escapar nunca, porque al fin y al cabo todo se trata de eso: Evolución.
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Este (intento de) ensayo lo escribí para una clase del profesorado. Como es la primera versión, habrá varias cosas que corregir, tanto errores gramaticales como de contenido. Nunca escribí esta clase de textos, tuve varios problemas a la hora de elaborarlo. Espero sepan comprender que recién comienzo a incursionar en esta clase de formas, y como me ha gustado mucho seguiré intentando elaborar algo de mejor calidad. Desde ya, gracias por leer.