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Te inmiscuyes y esperas.
¿A que?
¿Por que?
Te escribo…
te asesino
con el invierno de mis versos,
te resucito y
te mato otra vez.
¡Ahí no estas!
Me escondo en mis frases
porque es el único lugar
donde ya no hay nada de vos.
Nada…
¿Escuchas?
Este es el sonido
del viento
congelándote…