Otoño

___Es de madrugada, si. Es de madrugada y un reloj maldito solo marca sus tics. A través de la ventana veo luces como ojos infinitos que nunca se apagan, espejos que no reflejan nada. Mi sombra dice que ria, yo apago la luz. Un labio inferior sangra a mordidas de preguntas. Es de madrugada y otro ritual comienza. Sentado al escritorio, la tenue luz de la pantalla apenas iluminándome el rostro, mis aros de humo impactando contra el cristal, la oscuridad devorando un mar de ausencia a mis espaldas.
___Es de madrugada y ya estoy tan ebrio de otoño, que destapo las pociones que le darán color a este espatulado invierno. Mi sombra se cree libre moviéndose en la oscuridad de la habitación. Se contorsiona, escupe su veneno y se regocija. ha olvidado que somos lo mismo en esta ceremonia, por eso pierde su voz entre mis versos. Es de madrugada y el insomnio intermitente aparece otra vez. Estas cuatro paredes que juegan a ser jaula no podrán contener a mi dulce soledad, esplendida bestia salvaje, que saldrá a cazar los fantasmas que escaparon.
___Es de madrugada y llueve. Si, llueve intensamente. Ya nada mas se escucha. La imponente tormenta habla en un lenguaje secreto que conocemos bien. Y nos conecta a pesar de las distancias, para decirnos algo. Por eso podemos escuchar nuestra voz en el cantar de las gotas cuando caen. Así, inundamos las ciudades de nuestros pensamientos. Por eso mismo cierro los ojos y me dejo llevar…
___Entonces imagino que es de madrugada y que llueve, que estamos bajo el mismo cielo gris y hace frío. Imagino que hay aroma a café y me pedís que te abrace, junto al fuego, mientras miramos las luces difusas de la ciudad tras el vidrio empañado. Imagino en la punta de mis dedos la suavidad de tu piel, blanca y fresca como la nieve, y como me harías temblar de un solo roce. Imagino la cadencia de tu respiración, tu sabor, que te quedas dormida en mis brazos y pronuncias mi nombre entre sueños, que siento el calor de tu cuerpo y puedo embriagarme de tu aroma. Imagino que me cantas una suave melodía y como el sonido de tu risa ilumina la habitación, que pronuncias palabras de amor con una amplia sonrisa y los ojos llenos de ilusión. Imagino que sos vos, y solo vos, lo que es real, lo que se puede alcanzar y tocar, con el alma o este cuerpo mortal…
___Imagino que sigue siendo de madrugada y que llueve. Que estas conmigo y no hay otro lugar a donde quieras ir.

Señal 

Etiquetas

Sin mensajes entre líneas

o divinos códigos secretos

ausencia de ojos cafe

a este impacto que espera

Una fria madrugada inmovil

dos puntos negros en un pastel

voces roncas de sueño

una risa contagiosa

la estrella verde azulada

en una galaxia de piel

Hace falta tan poco

para detonar esta incertidumbre:

silencio retardado

o un suspiro profundo

un punto

una coma

quizás una voz

En medio de este caos

una pequeña señal.

Palabras Hacia Otro Mas Allá (I)

Etiquetas

Abro esta sección con una de mis poetas favoritas, de cabecera diría. Alejandra Pizarnik: poeta maldita, pasional y visceral, cruda y directa, pero aun así sutil como lilas acariciando él invierno del infierno. Ella, con este texto (extracto, creo), pudo ponerle voces a ciertas sensaciones que bien conocemos. Encontró palabras que yo no logro hallar y se acerca demasiado a lo que me gustaría intentar decir con esas palabras que desconozco. Esta sección se tratara sobre eso, autores que pecando de tan cercanos, hago mías sus palabras. Para liberarme quizás, y para no solo enviar maldiciones a cielos nocturnos, sino también, para que otros oídos iguales a los míos, reconozcan esas voces y se acerquen, aunque sea por medio de este estúpido y pequeño lugar en medio de tanto caos. Él texto en cuestión:

Porque ¿quién me escuchará si le digo: «Te odio, te necesito, ven a vivir conmigo, hagamos juntos el odio, el amor, lo que tú quieras pero juntos»? Un castillo rodeado de fosas, una casa sin ventanas ni puertas. Adentro, amor mío, siempre entre muros mudos y sin sonido y sin palabras y sin comunicación alguna con lo que yace o camina bajo el viento asesino de esta noche. Tendremos instrumentos de tortura. Tendremos todos los libros de poesía que existen en el mundo. Toda la música. Todos los alcoholes que arden en los ojos y corroen el odio. Nos embriagaremos hasta oscilar como seres de una materia fosforescente, y diremos tantos poemas que nuestras lenguas se incendiarán como rosas. Sin ventanas, amor mío, sin puertas, sólo una casa, un palacio, una bohardilla lúgubremente sorda y ciega y amparadora. Y si viene el sol, si descubro huellas de claridad en el suelo, tú me dejarás llorar sobre ti, y me ayudarás con palabras que atraigan al olvido y a la noche desesperada de siempre. En verdad no te odio, te amo y te llamo. Te llamo y no vienes. Ahora te odio. Y tendremos lejos los relojes y no nombraremos al tiempo. Y haré poemas que iluminarán todos los silencios. De esta manera no habrá muerte ni soles sino sangre, alcohol, palabras extrañas y nuestros sexos unidos. Pero tú no vienes, no vendrás, y yo sé que no vendrás. Si supieras que no puedes no venir. Aunque no estás aquí, la orgía se inicia, comienzo a beber, a aullar los poemas más bellos, a reír y a llorar en la noche de tu ausencia, hasta que me arrojo sobre tu pobre representación y lloro hasta que nadie me consuela.

Alejandra Pizarnik, Diarios.

04.30

Etiquetas

Su voz dormida refulge en silencio
astros inmaduros se dejan apagar
una humeante taza de otro veneno
despeja visiones antes de quemar

Y los mares que devoran lunas del ayer
sobre labios evitando despedidas
van pintando glifos en la piel
código secreto de dos almas perdidas

¿Que hacer con esta hendidura fatal
en este laberinto ya sin bestia que matar
cuando todos los caminos que llevan al final
quieren robar su aroma cuando intento despertar?

Al morder soles de imposible perseguir
le arrancamos las arenas al rey sueño
crear eterna madrugada de tierra fértil
de sus deseos sembrados crecen reinos

Y a pesar de la distancia se funden
dos sombras que quieren ser invierno
sus lunares que en estrellas se convierten
iluminan este mundo hecho de versos

Paisajes Telepáticos (I)

Etiquetas

La madrugada se posaba lentamente sobre la ciudad que, aun dormida, bostezaba bajo un cielo nublado. Ella, en sus horas plenas, estaba sentada en el umbral de la puerta fumando un cigarrillo. Desde la cocina sonaba una cancion familiar, podia tararearla pero no reconocerla. En la oscuridad solo se podía ver la brasa serpenteando y el brillo de sus ojos, fijos en la distancia, perdida quien sabe en que pensamientos. El aroma de la lluvia se mezclaba con cada bocanada y se combinaba con los vapores de su taza de café, marcando un compas de fragancias que acompañaban esa cancion. Desde la altura de su casa, las tenues luces de las otras viviendas parecian diminutas luciérnagas electricas jugando a llamarse en un bosque de asfalto. Se sonrió a si misma al pensar en eso.
Ya había perdido la nocion del tiempo entre cada viaje que emprendían sus ojos, su canción había terminado. Hasta ese entonces, el silencio solo era roto por el canto de algunos pájaros nocturnos y la estática de la radio. En el instante donde regresaba de uno de esos viajes, un relampago desgarro el cielo y, de pronto, comenzo a llover. Al principio suavemente, como dando una ultima advertencia, pero luego ganando intensidad conforme avanzaba la madrugada. A resguardo bajo el transparente techo de su umbral, escuchaba claramente la sinfonia que le dedicaba el agua golpeando los tejados. Melodías sutilmente desacompasadas que solo ella podía escuchar. La sensación que eso le provocaba la embriagaba tanto, que hacia estremecer su cuerpo. Cuando levanto la vista al cielo, no pudo evitar observar atentamente el impacto que hacian las gotas al hacer contacto contra los cristales. Casi podía ver en cámara lenta como se deshacían en varias piezas. Existencias individuales que se desprendían de un todo para luego terminar en el otra vez. Se sonrió nuevamente.
Y así quedo largo tiempo, hipnotizada, casi en trance. Cigarrillo tras cigarrillo, repitiendo tazas de cafe, abrazada por su tan amada madrugada mientras la lluvia le regalaba su mas bella opera. La cadencia de su respiración marcaba el paso de las horas. Ya no había nadie mas, solo ella en medio de todas estas sensaciones.
La única vez que cerro largo tiempo sus ojos, también se mordió los labios y dio un largo y profundo suspiro. Cuando los abrió, hubo un intenso y fugaz destello de un recuerdo futuro.