Tanka I

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​Blanco desierto

Venus juega a dormirse

Pinta fantasmas

Y cuando ojos cerramos

Él corazón vibra más

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La Tempestad Que Llega Es Del Color De Tus Ojos…

Ya esta amaneciendo. Lo se porque puedo escuchar el sonido que hacen los arboles al desteñirse los colores de la madrugada. Mis versos son como sanguijuelas que en horas lúgubres se alimentan de la ciudad, cayendo muertas, escurriéndose por las paredes tras haberse saciado. Al final, serán cadáveres malditos que nadie sabrá ver, infectando esta primavera. Antes que el alba rompa el silencio, uno a uno mis fantasmas regresan de su cacería. Cuando se desprenden de mi son como lobos solitarios que persiguen lunas amarillas, o verdes. Algunos traen sus presas colgando de sus afilados dientes, otros traen entre sus garras restos de algo que alguna vez fue; en cambio solo unos pocos traen en el rabillo de sus ojos mas nada para acumular, y el rojo vino de la sangre acentúa sus rasgos. Mientras paso lista, en tu parte del mundo las almas apenas inician los preparativos para tu medianoche mágica. La diferencia entre las horas no significa nada para ellas. Atraviesan los espacios y el tiempo como si todo fuese una sola cosa. Son el nexo entre estaciones, conjuran al frio de aquel otoño que invita a dormir al desierto, son el silencio cuando ya no quedan mas medios. En esa madrugada tan tuya dan la señal: este es el inicio para la creación. De tu aura se desprenden miles de ojos divinos –como los tuyos: profundos, expresivos, brillantes- que van a explorar la ciudad para descubrir secretos, para encontrar tesoros, descifrar enigmas; buscan percibir todo cuanto puedan, paisajes, instantes, hasta logran adivinar las descripciones de otras tierras que esta voz ya no puede darte. Esos ojos son tus arlequines o celosos guardianes, que liberan lunas despejando el cielo, para que su luz combinada impregne de magia tu blanco canvas desnudo que espera ansioso la primer pincelada, expuesto al deseo del roce de tus dedos, la mirada fija en el centro, un corazón abierto, tu piel manchada de fuego. Quizás esa sea la razón por la que esos ojos divinos se esconden en tus cuadros, para sumergirse en la esencia de quien los mira, aunque no sean fáciles de advertir a simple vista. Recuerdo una vez haber visto barcos surcando mares de iris, camino a una tierra lejana, quizás una isla cristalina de fragancias. Había aves vigilando abismos de pupilas y, ocultos en los parpados, manuscritos ardiendo en un torrente de pestañas. En ocasiones las diferencias son tan marcadas, que ni fantasmas o almas entienden. El tiempo es tirano para los mortales, y la distancia su arma de doble filo. De un lado hay un sol que le da vida a rebosantes arboles de frutos rojos, del otro hay una luna que abriga arboles harapientos que le ofrendan sus ultimas flores azules. Pero en algún punto ambos lados se confunden, como los sueños que tuvimos una vez: labios que se muerden en la oscuridad, exhalaciones acompasadas, fuentes carmesí de lenguas que se funden, saliva como el mas dulce elixir del Erebo cayendo sobre la piel, manos rozando contornos, figuras, formas de la mas perfecta imperfección, cuerpos y voces creando sonidos y lenguajes fuera de este mundo… Hay algo esencial que nada ni nadie me podrá quitar, por eso lo único que puedo hacer ahora, es enviar a que mis fantasmas busquen alguno de tus ojos divinos, que se encuentren y te hagan llegar los versos que te escribo. Porque ahora que no tengo tu voz, ni tu silencio, ni tu risa, tampoco tu valentía, ni los colores de tu paleta o las recetas de tus melodías…solo soy una sombra, una simple representación de mi mismo, esperando con los ojos y brazos abiertos, cada tormenta que soplan hacia acá los vientos del norte.

Estupidas Cronicas De La Vida Diaria (I)

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   Quería evitar a toda costa convertir este espacio en una pequeña ventana a mi vida privada, transformar este refugio para la creatividad en un ordinario diario intimo como cualquier otro. Además, por mucho que sazone la realidad con ficción, no podría esconderme por completo. En principio esa era la idea: alejar a mi persona real de todo esto. Pero las cosas han cambiado tanto -de mal en peor- que escribir es el único escape que me queda, un arma que si dejo enfriar, se apagara para siempre. Entonces escribo. Para hacer catarsis, para liberar fantasmas –o intentarlo al menos-, para trazar una ruta fuera de este laberinto, para transmutar venenos en medicina. Son tantos los hechos que no sabría por donde comenzar…
   Hace aproximadamente poco mas de un mes que formo parte de un numero en una estadística, un grupo exclusivo con un índice creciente de miembros. Este selecto grupo se llama: Desempleados. Uno de los síntomas directos de la realidad actual de mi país. Para ser sincero, no imaginaba que me iba a tocar, pero supongo que así es como funciona: nunca ves venir el golpe. El asunto mas importante aquí es que, como consecuencia de esto, todos mis planes se fueron a la basura. Cabe decir, planes que necesitan de ese tan bien llamado vil metal para llevarse a cabo. Antes de que prescindieran de mis servicios en la empresa, apenas había llegado a saldar mis deudas –cosa no menos que importante- casi todo estaba listo para que las cosas siguieran su curso, pero ahora, los pocos ahorros que me quedaron se fueron y seguirán yéndose directo a los servicios básicos. Entonces me toca empezar desde cero otra vez. Hay algo que me parte en mil pedazos admitir: que al final <<Un año no era tiempo suficiente para hacer la gran diferencia>>.
   Después de mencionar esto, que sin duda es un punto de inflexión fuerte, hay algo que me pesa mucho mas, con orígenes previos a lo que dije en el párrafo anterior. Hoy se cumplen cuatro meses desde la ultima vez que hablamos. Desde la ultima vez que escuche su voz, desde la ultima vez que la escuche reírse de uno de mis chistes malos, desde que me deseo los buenos días y las buenas noches en su forma tan particular. Lo que me mata es esta incertidumbre, esta falta de información, la falta de respuestas a la forma interrogativa de los adverbios qué, cómo y cuándo. Lo peor de todo es que ni siquiera se si tengo derecho a sentirme triste. A sentirme como me siento ahora. Por otro lado, necesitaría crear otra lengua para poder expresar en palabras lo que la quiero y extraño. Aunque con algo de esfuerzo pude encontrar otros medios –indirectos, tercerizados- para comunicar los dos puntos, creo que lo mejor es dejar las cosas como están. Imagino que ella también sabe cuales son, pero por algún motivo decidió no usarlos. Así que no queda otra que armarme de paciencia y esperar. Es eso o perder la poca cordura que me queda. Y por mas que no conozca sus razones, respetarlas igual. Todo el mes de Agosto le dedique líneas compulsivamente. Estaba como poseído por fuerzas desconocidas. La maldición del escritor en su máxima potencia. Supongo que poco a poco iré liberando esos textos. Después de todo la literatura nace cuando un escrito llega a -al menos- un solo lector. Sino, no tiene sentido. Doy por descontado que además aliviare un poco –muy poco- este nudo que siento en el pecho.
   Mas allá de la seguidilla de-malas-a-peores, de estos hechos que estragaron mis ánimos, no me quede de brazos cruzados. Soy de esa clase de personas que, sea arrastrándose, entero o a pedazos, sigue avanzando a su objetivo, pese a todo, poco a poco si otra no queda. Aunque quiera abandonar, no podría porque no esta en mi naturaleza. No se si esto es malo o bueno, porque para mi hay dos opciones siempre: o romper la pared a topetazos, o hacer una pintura abstracta de masa encefálica sobre el asfalto. Mas allá de que ahora el tiempo no juegue a mi favor y no tenga ayuda mas que de mi mismo, lo que dificulta mas las cosas. No hay una cuerda <transhemisferica> que me jale de este pozo. Para finalizar, como diríamos por acá <no quiero quemarme> contando algo, pero puede que para fin de este año o principios del que viene, esta situación mejore. Al menos en lo que a obtener medios se refiere. Veremos que pasa.

Señal 

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Sin mensajes entre líneas

o divinos códigos secretos

ausencia de ojos cafe

a este impacto que espera

Una fria madrugada inmovil

dos puntos negros en un pastel

voces roncas de sueño

una risa contagiosa

la estrella verde azulada

en una galaxia de piel

Hace falta tan poco

para detonar esta incertidumbre:

silencio retardado

o un suspiro profundo

un punto

una coma

quizás una voz

En medio de este caos

una pequeña señal.

Palabras Hacia Otro Mas Allá (I)

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Abro esta sección con una de mis poetas favoritas, de cabecera diría. Alejandra Pizarnik: poeta maldita, pasional y visceral, cruda y directa, pero aun así sutil como lilas acariciando él invierno del infierno. Ella, con este texto (extracto, creo), pudo ponerle voces a ciertas sensaciones que bien conocemos. Encontró palabras que yo no logro hallar y se acerca demasiado a lo que me gustaría intentar decir con esas palabras que desconozco. Esta sección se tratara sobre eso, autores que pecando de tan cercanos, hago mías sus palabras. Para liberarme quizás, y para no solo enviar maldiciones a cielos nocturnos, sino también, para que otros oídos iguales a los míos, reconozcan esas voces y se acerquen, aunque sea por medio de este estúpido y pequeño lugar en medio de tanto caos. Él texto en cuestión:

Porque ¿quién me escuchará si le digo: «Te odio, te necesito, ven a vivir conmigo, hagamos juntos el odio, el amor, lo que tú quieras pero juntos»? Un castillo rodeado de fosas, una casa sin ventanas ni puertas. Adentro, amor mío, siempre entre muros mudos y sin sonido y sin palabras y sin comunicación alguna con lo que yace o camina bajo el viento asesino de esta noche. Tendremos instrumentos de tortura. Tendremos todos los libros de poesía que existen en el mundo. Toda la música. Todos los alcoholes que arden en los ojos y corroen el odio. Nos embriagaremos hasta oscilar como seres de una materia fosforescente, y diremos tantos poemas que nuestras lenguas se incendiarán como rosas. Sin ventanas, amor mío, sin puertas, sólo una casa, un palacio, una bohardilla lúgubremente sorda y ciega y amparadora. Y si viene el sol, si descubro huellas de claridad en el suelo, tú me dejarás llorar sobre ti, y me ayudarás con palabras que atraigan al olvido y a la noche desesperada de siempre. En verdad no te odio, te amo y te llamo. Te llamo y no vienes. Ahora te odio. Y tendremos lejos los relojes y no nombraremos al tiempo. Y haré poemas que iluminarán todos los silencios. De esta manera no habrá muerte ni soles sino sangre, alcohol, palabras extrañas y nuestros sexos unidos. Pero tú no vienes, no vendrás, y yo sé que no vendrás. Si supieras que no puedes no venir. Aunque no estás aquí, la orgía se inicia, comienzo a beber, a aullar los poemas más bellos, a reír y a llorar en la noche de tu ausencia, hasta que me arrojo sobre tu pobre representación y lloro hasta que nadie me consuela.

Alejandra Pizarnik, Diarios.